El insulto, que lanzó Trump a una corresponsal de Bloomberg a bordo del Air Force One tras una pregunta sobre el pederasta Jeffrey Epstein, simboliza el progresivo deterioro de una dinámica marcada tanto por los ataques personales a periodistas como por presiones abiertas a grandes corporaciones de comunicación.

El “cállate, cerdita” proferido por el presidente Donald Trump a una periodista la pasada semana se ha convertido en la última muestra de la relación cada vez más corrosiva entre el mandatario y la prensa desde su regreso al poder, con mujeres periodistas en el centro de la diana.

El insulto, que lanzó Trump a una corresponsal de Bloomberg a bordo del Air Force One tras una pregunta sobre el pederasta Jeffrey Epstein, simboliza el progresivo deterioro de una dinámica marcada tanto por los ataques personales a periodistas como por presiones abiertas a grandes corporaciones de comunicación.

No es la primera vez que el presidente arremete directamente contra periodistas por no gustarle las preguntas que le formulan, ataques que normalmente van acompañados del calificativo ‘fake news’ (noticias falsas). Días después de este suceso Trump llamó “pésima reportera” a Mary Bruce, de la cadena ABC, durante una conferencia de prensa en el Despacho Oval junto al príncipe heredero saudí, Mohamed bin Salmán, en la que la periodista preguntó sobre el columnista Jamal Khashoggi, cuyo asesinato la CIA vincula con el propio Bin Salmán.

“No me gusta tu actitud, deberías volver a estudiar periodismo”, le recriminó. La Casa Blanca justificó este tipo de comentarios del mandatario como una muestra de su “transparencia” y “honestidad”; pero la prensa, lejos de callarse o agradecer a Trump su “sinceridad”, salió en defensa de la libertad de información con una ola de críticas al presidente.

Entre ellos destaca Jake Tapper, uno de los presentadores estrella de la cadena CNN, que calificó la actitud del presidente de “repugnante y completamente inaceptable”. Aunque la ofensiva del republicano contra la prensa es mucho más evidente cuando va dirigida a mujeres del gremio, desde su regreso al poder en enero de 2025, Trump ha criticado con dureza a presentadores o televisiones y hasta ha pedido que se retiren permisos de emisión a grandes cadenas.

Tras conocerse en julio la futura cancelación del programa de Stephen Colbert, cuyo final se hará efectivo en mayo de 2026, el presidente celebró la decisión con entusiasmo: “Me encanta que Colbert haya sido despedido. Tenía todavía menos talento que audiencia”, escribió en su plataforma TruthSocial, antes de apuntar hacia otro presentador.

“He escuchado que Jimmy Kimmel, que tiene todavía menos talento, será el siguiente”, agregó.

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